UA-110056456-1 LOS LIBROS DEL ROCK ARGENTINO

CATALOGO DE VINILOS DE ROCK EN ARGENTINA 1958 - 1996


CLAUDIO ZUCCALA - FERNANDO BRENER

1ra. Edición:
2018
Editorial: Independiente
Prólogo:  Victor Tapia


Este libro es un CATALOGO DE VINILOS DE ROCK EN ARGENTINA desde el año 1958 hasta el 1996.
Este catálogo comienza con lo que se considera la primera grabación en LP de ROCK en argentina en el año 1958 por Eddie Pequenino y su orquesta, y recorre sus primeras influencias y mezclas con otros géneros como el BEAT, TWIST, SHAKE,ETC, donde se incluyen artistas como Palito Ortega, Leo Dan, Sandro, Jhonny Tedesco y otros tantos más hasta llegar al gran quiebre cultural que todos conocemos y disfrutamos como ROCK NACIONAL, incorporando dentro de este grupo a géneros como el PUNK, POP, SKA, REGGAE, etc.
Y también, hasta generando fusiones con otros géneros como el JAZZ FOLKLORE, RITMOS LATINOS, etc. en el cual se encontraran artistas involucrados a esa corriente que quizás no hacían el género propiamente dicho pero estaban dentro de la misma.

También encontraremos artistas o bandas de Uruguay que también fueron parte de esta movida cultural y formaron bases, como también influencias en bandas argentinas.

En este catálogo solo se incluyeron LPS y MAXIS.
Tambien están incluidas, ediciones de artistas argentinos editadas en otros países, ya que en los años 90 eran reemplazadas por el CD, y varios discos salieron editados en países donde aún funcionaba la fabricación de LP.

Al final hay una sección dedicada a compilados de varios artistas donde se encuentran bandas o solistas que no lograron editar un LP propio y como también encontraremos temas que no se encuentran en LP oficiales de cada artista o bandas y sean rarezas propias de dicho LP.

Cabe aclarar en algunos artistas precursores del género no se incluyó toda su discografía dado que los mismos en un momento de su carrera se volcaron a otros estilos.

"Porque el rock no es un género musical,
es un movimiento, donde entran todos los estilos"
.
Ciro Fogliatta

 EN VENTA...PROXIMAMENTE!!!

SANDRO - EL FUEGO ETERNO



MARIANO DEL MAZO

1ra. Edición:
2009
2da. Edición: 2017
Editorial: Aguilar
Prólogo: Mariano Del Mazo



MI OPINION:

Lo terminé de leer ayer.
Es de esos libros que por su volumen te lo deglutís en 2 o 3 días.
Es que Mariano Del Mazo escribe así, yendo a lo esencial de lo que cuenta, de una manera amena, con relatos y anécdotas que le contara el mismo Sandro y con esa forma de escribir y relatar que te lleva a no poder parar de leer.
Al momento de agregar libros a esta página, dudé mucho en si poner libros que hablen de Sandro, ya que la tematica de la página es que sean libros que tengan relación con el rock argentino.
Hay mucha bibliografía sobre este ídolo popular, que fundamentalmente hace hincapié en la parte cholula del cantante.
No me negaba, pero tampoco estaba convencido.
Leyendo este libro de Mariano, comprendí finalmente, que Sandro, aunque en menor medida, fue muy importante en los albores del rock de nuestro país.
Y es que el libro saca a relucir todas las facetas que Sandro tuvo en su vida: El triunfador, el no tan en boga, su diferencia con Roberto Sánchez, su mentada intimidad, su particular humor y su ganas de vivir sobrellevando con dignidad sus problemas de salud.
Pero fundamentalmente
su convicción de seguir viviendo sin claudicar en los millonarios ofrecimientos que tuvo durante su carrera.
Por eso es que se supo ganar el reconocimiento, el respeto y la admiración de la mayoría de los músicos, fundacionales y posteriores, de nuestro rock.

Ahora tengo un problema: conseguir la primera edición que está recontra descatalogada por más que sea del 2009.


PRESENTACION
Por Mariano Del Mazo

“Cuando tengo jean me comporto como si tuviera un smoking; cuando me pongo un smoking, me comporto como si tuviera un jean.”
La frase la escuché el invierno de 1993, en el camarín del Cine Mayo de San Miguel. Eran ya las cuatro de la mañana: Sandro tomaba gin en un cáliz color cobre y no paraba de llenar mi copa de champagne francés.
“Bienvenido al Madison Square Garden”, me había dicho cuatro horas antes, cuando ingresé en ese cuarto de tres por tres, sillas raídas, espejos viejos y un florero con rosas.
Yo había ido hasta San Miguel a cubrir para Clarín uno de los conciertos suburbanos con los que solía preparar su desembarco en la calle Corrientes. Sandro estaba probando el show 30 años de magia, que en semanas estrenaría en el Gran Rex, y yo quería comprender a ese personaje enigmático que llegaba a mí desde algunos discos simples de mi infancia y desde películas inverosímiles y fascinantes.
Este libro empezó a escribirse esa noche.
Verlo cantar ahí, un día de semana, fue una experiencia memorable: las fans ardían y él se movía como un viejo hechicero.
Era un miércoles o un jueves, jugaba la Selección Argentina dirigida por Alfio Basile que estaba a punto de coronarse campeón de América y en San Miguel caía una escarcha pesada.
El teatro estallaba: habían agregado sillas en los pasillos. Vi a esas mujeres maduras, rejuvenecidas durante el extraño ritual que desplegaba erotismo en estado de pureza, sensualidad, sexo. Vi corpiños al aire. Vi a un titiritero excepcional. Vi uno de los mejores shows de mi vida.
Los años pasaron, terribles, malvados, y fortalecieron las sensaciones de aquella noche extraordinaria. Lo entrevisté cinco veces y lo escuché en vivo otras tantas.
Traté de revelar el lado oculto, indagué el fenómeno, compré sus discos maravillosos y también los otros. Vi sus películas y leí artículos y ensayos académicos que en aquellos destemplados años menemistas intentaban explicar lo que, finalmente, resultó inexplicable.

Di vueltas por Valentín Alsina, me visitaron fans al diario y en la última época me consterné ante su salud endeble, su declive progresivo.
Tomé distancia como pude y consideré que el relato de Sandro debía ser hecho en vida.
Este libro llegó a sus manos cuando ya estaba corriendo una loca carrera contra su enfisema. Entre sus internaciones y apariciones furtivas en la puerta de la casona de Banfield, me gusta creer que lo leyó y que recordó algunas de las confidencias ebrias de aquella noche en el camarín del Cine Mayo.

La primera edición es de 2009.
Más allá de una imprescindible actualización y algún mínimo agregado, quise que Sandro, El fuego eterno, conservara el tono original de deslumbramiento, la frescura con que fue concebido. La agonía y muerte de Sandro —otra instancia de una irreductible dignidad— no hizo más que agigantar su epopeya y galvanizar definitivamente su categoría de mito.
Estuve en la vigilia del verano de 2010, en Mendoza. Vi los rostros desencajados o luminosos ante cada parte médico. Entendí un poco más.
Ninguna biografía abarca una existencia.
Los datos pueden ser más o menos certeros, más o menos rigurosos. Pero una vida es otra cosa. Deshilachados en ese invento de superhéroe que él mismo patentó —Roberto Sánchez, el hombre; Sandro, la máscara—, ahí a mano, en YouTube, se pueden vislumbrar las decenas de rostros que lo cubren: el recitador expresivo, el estupendo performer, el opinólogo impulsivo, el Adonis sexual, el vendedor de fantasías, el rockero, el baladista, el decidor crepuscular.
Creo que los artistas son mentirosos absolutos que tratan de convertir el artificio en verdad, y que se les va la vida en el intento. Creo también que la verdad puede ser una categoría del sufrimiento y de la belleza. Y creo que Sandro fue un artista extraordinario.
Pasa el tiempo y algo permanece inexpugnable: el misterio.
Este libro es un homenaje a un extraño y dramático héroe de los suburbios, a aquella noche fantasmal de San Miguel y, en el mismo gesto, un acercamiento a ese misterio.
Buenos Aires, julio de 2017

A TODO VOLUMEN - HISTORIAS DE TAPAS DEL ROCK ARGENTINO

SEBASTIAN RAMOS - MARCELO MORAN

1ra Edicion:2008
2da Edicion:2015
Editorial: Independiente
Prólogo: Juan Gatti



A siete años de su publicación, llega una reedición remasterizada y ampliada de "A todo volumen - historias de tapas del rock argentino".
Medio siglo de arte gráfico en el rock argentino, desde las primeras tapas de los discos de vinilo de Moris, Manal, Almendra y Pappo’s Blues, pasando por la estética de grupos como Virus, Soda Stereo, Los Twist, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, hasta el diseño de última generación en formato CD, digi-pack y box de Babasónicos, Los Fabulosos Cadillacs, Lisandro Aristimuño y El Mató a Un Policía Motorizado.

Se trata de músicos, ilustradores, fotógrafos, dibujantes, diseñadores y artistas plásticos a cargo de portadas que ya forman parte importante del patrimonio cultural argentino.
Espacios protagonizados por Luis Alberto Spinetta, Juan Domingo Perón, Federico Klemm, Antonin Artaud, Divina Gloria, Pedro Almodóvar, el Indio Solari y Caloi.
La masacre de La Tablada, la caída de De la Rúa, la grasa de las capitales, los hippies de Plaza Francia, la censura en años de dictadura y en democracia también.
El Di Tella, la Galería del Este, el bar del Hotel Plaza, Tigre, Valentín Alsina y la Fragata Sarmiento. Joe 90, Rucucu, Kum Kum, Fama y La Guerra de los Mundos.
Luzbelito, Bob Dylan, Renata Schussheim, Oscar Bony, Martiniano Arce, un campeón mundial de sumo, Los Desconocidos de Siempre, Charly, Fito, Andrés y León. Pappo de cuero negro y Pettinato en pelotas. Surrealismo pop, cubismo, expresionismo, punk, modernidad al palo, cultura barrial, estética vintage, psicodelia y robos a mano alzada. De Los Gatos a Los Piojos y de Mandioca a Radio Trípoli. De Juan Gatti a Rocambole y de Alejandro Ros a Nora Lezano.
Fotografías, ilustraciones, dibujos, collages, pinturas, diseño y arte gráfico. Pequeñas anécdotas y grandes ideas. Historias de tapas para ver y escuchar… a todo volumen.

En la Web
Como parte del proyecto de reedición de A Todo Volumen se está desarrollando la página de Facebook (www.facebook.com/atodovolumen), en donde día a día se suman otras historias de tapas del rock de acá, que quedaron afuera del libro por motivos de espacio.
Allí entonces se construye diariamente un archivo a disposición de quien quiera acceder, con las entrevistas y la información recabada durante más de una década de trabajo para la realización de este libro.
En la misma dirección, se abrió además una cuenta de Twitter (@AAtodovolumen2) para poder interactuar con lectores e interesados en el tema.


1ra. Edición 2008


Si el rock hecho en Argentina se destaca por sobre todas las demás formas que adoptó el rock’n’roll en Hispanoamérica, esa misma identidad se refleja en las tapas de esos discos. Ya desde el comienzo, artistas, ilustradores, fotógrafos, diseñadores y los mismos músicos se preocuparon por desplegar una identidad propia, signada por la ironía, las referencias y los guiños a la época y los avatares de este país tan extraño en el que les tocó componer y cantar.
Por eso, el reciente A todo volumen, del periodista Sebastián Ramos con colaboración de Marcelo Morán, recopila apenas un centenar de las historias detrás de esas tapas que –muchas veces dicen tanto como los discos que contenían.

Dicen que una imagen vale por mil palabras. Pero una imagen en la portada de un disco tiene un valor más preciso: vale por las ocho o diez canciones que contiene la placa. O al menos eso sucedía en las épocas de los vinilos, esos objetos incómodos para llevar, pero del tamaño exacto para sostener mientras sonaba la música en cuestión.
Y tan recordado sigue siendo, que el heroico A todo volumen, tal como reza su subtítulo, recorre algunas historias de las tapas del rock argentino, reproduce aquel tamaño. A tal punto, que no les importa a Ramos y Morán llevar casi de prepo las tapas de los compact elegidos a esa proporción, aunque la reproducción termine sufriendo un poco en el camino.
“Tuvimos cierta resistencia en un principio por parte del diseñador, pero lo convencimos”, confiesa con una sonrisa pícara Ramos, que terminó logrando un imposible, aún con ciertas imperfecciones a flor de piel: imaginar lo que sería toda una colección del rock argentino íntegramente en el formato que debe ser, aun en tiempos de la inminente desaparición de todo formato físico de semejante colección: el del vinilo.

Uno de los primeros logros de esta historia –que no es historia con mayúscula porque no pretende ordenarlas todas en una sola, sino apenas si recorre algunas historias de las tapas más curiosas, más originales o simplemente más recordables – es la de ponerle a cada tapa un nombre propio, y en ese mismo movimiento recuperar ciertos otros nombres del olvido. Porque, además de los nombres más famosos de ese curioso arte de ponerle tapa a un disco de rock – de Juan Gatti a Rocambole, digamos, por nombrar a dos de los más heroicos responsables del arte del vinilo al compact, y confesos preferidos de los autores –, Ramos y Morán desempolvan más de una autoría perdida, con el simple mecanismo de poner una tapa memorable en el centro de la escena, y hacer hablar a sus responsables. “Lo que más nos terminó costando fue averiguar los créditos de aquellos discos históricos, porque nadie sabía bien quién los había hecho”, confirma Ramos, que pone como ejemplo los dibujos de las tapas de Pappo’s Blues, o el detalle descubierto con paciencia de arqueólogo, sobre la verdadera autora de la foto de estudio del disco debut de Todos Tus Muertos, nominalmente obra de Andy Cherniavsky, pero en realidad a cargo de Hilda Lizarazu, su ayudante en aquel momento.

Fruto de un trabajo de poco menos de una década, A todo volumen comenzó como un juego, según les gusta decir a sus autores. “Nos colgábamos con Marcelo a escuchar música, y a redescubrir esas tapas”, recuerda Ramos. Si se le pide un punto de partida, termina mencionando un disco de Crucis, y uno de la Pesada del Rock. “El volumen tres, el de las calcomanías pegadas, que terminó fuera del libro”, precisa. Cada tapa devela una historia, y cada historia destapa algún personaje, como la fotógrafa Nora Lezano, o el artista Nessi Cohen, autor del arte de tapa de los discos de Don Cornelio. “Los primeros en descubrir cosas fuimos nosotros, porque yo no sabía la verdadera historia del luchador de sumo en la tapa del último disco del grupo de Luca, o pasé toda mi vida pensando que el dibujo en la portada del primer disco de Don Cornelio, uno de mis preferidos, era una figura femenina, y al hablar con Nessi descubrí que no se trataba de eso, sino de un pajarraco”.

Paso a paso, sin embargo, el juego de A todo volumen termina demostrando algo que apenas si destaca Rocambole en una mini entrevista incluida en el libro: que el rock local logró crear una estética propia. Eso que se escucha en la música, al compararla con la de otros países de habla hispana intentando hacer su propia versión del rock anglosajón, se percibe también en las tapas. “Desde el primer disco de Almendra, con una tapa dibujada por Spinetta, se plantea otra forma de darle gráfica al rock”, explica Rocambole. “En ese sentido el rock nacional ha tenido desde sus orígenes una línea de pensamiento, que insistía en acompañar con una gráfica en particular que, además, expresaba lo que pasaba musicalmente con la cultura joven y las rebeldías del momento.” Con referentes mínimos –como la tapa del primer disco de V8, por ejemplo– o máximos –las de Las Manos Santas van a Misa de Las manos de Filippi o Versus de Illya Kuryaki, cuyos librillos del CD están llenos de citas, todo tiene lugar en el caprichoso cambalache del rock nacional y del libro de Ramos y Morán, que apenas si se ordena detrás de un orden cronológico pero, como todo laberinto, sólo se sale de él por arriba, y desde ahí, claro, se puede ir recorriéndolo con conocimiento de causa.

“Es que nunca tuvimos la idea de que fuese un trabajo enciclopédico, es apenas una mirada”, se excusa Ramos. Y detrás de esa excusa se encolumnan todos los nombres redescubiertos en cada una de las historias reconstruidas. Y entonces la mirada de Ramos y Morán funciona como punto de partida, y todos los caminos llevan al centro. A un vinilo que siempre es difícil de llevar, sí, pero cuando comienza a girar –y a sonar– queda claro que tiene el tamaño justo. Para perderse en cada una de las imágenes. Y descubrir, página tras página, portada a portada, una historia más de esa hermosa leyenda – y también presente – de algo llamado Rock argentino.

Martín Pérez para Pagina 12


Alguna muestra:

Pescado Rabioso - Artaud
1973 Talent/Microfón
Diseño Juan Gatti/Luis Alberto Spinetta

No seas cuadrado. No seas cuadrado. No seas cuadrado. La tapa del disco Artaud no era cuadrada. ¿Por qué? Por tipos como Artaud. La portada era, sí, verde y con brillos amarillos. Y era informe, con cuatro puntas no aptas para las bateas de los ’70. La idea, consensuada con el propio Spinetta, fue de Juan Gatti, el artista responsable de varias de las mejores tapas de los primeros años del rock argentino. Es su obra maestra para toda una generación, y recordada como una de las joyas del diseño de portada de todos los tiempos. “En ese momento la hicimos con Luis Alberto y quedó como un delirio, porque realmente estábamos volados, pero no por las drogas, sino como en estado de permanente alucinación. Hicimos esa tapa que no entraba en ningún stand y las tiendas de discos nos querían matar porque no sabían cómo exhibirlo, la gente no lo podía guardar. Fue un objeto muy incómodo y movilizador para la época.”

Los Gatos - Rock de la mujer perdida
1970 RCA
Foto Oscar Bony

Rock de la mujer perdida se llamaba originalmente Rock de la mujer podrida, pero según el propio Nebbia “a la compañía discográfica le pareció muy agresivo y le cambié el título. En ese momento me pareció que estaba bien, que la esencia era la misma”. Sigue Litto: “En la portada queríamos una mujer que respondiera a la bohemia del personaje al que se refiere la letra de la canción... y encontramos a esta chica que laburaba en una boutique de la Galería del Este, sobre avenida Santa Fe”. La primera fotografía que vieron Ciro Fogliatta y Bony para la tapa fue de un banco de imágenes, en la que la modelo, según el tecladista, “era el triple de gorda y con una ropa de lencería negra espectacular. No se podían conseguir los derechos, pero nos propusimos mantener ese espíritu. Es una tapa muy loca, porque quedó esa historia dando vueltas que aseguraba que la mina de la foto era yo, vestido de mujer. A mucha gente, si le decías que era soy yo, le tirabas la moral abajo. Los argentinos somos supermitómanos y ese tipo de cosas nos encantan”.

Seru Giran - Grasa de las capitales
1979 Sazam Records
Foto Rubén Andon Arte Rodolfo Bozzolo

“La idea fue mía”, dice Charly García. “Estaba podrido de todas esas revistas tipo Gente, que eran tan caretas. Habíamos compuesto ese disco para ir al choque directamente. Las canciones eran más pesadas, más contestatarias. Había que salir de la grasa, de la mediocridad. Era una época en que el rock todavía estaba en contra de la música comercial: era nosotros contra el mundo. Y la revista Gente era el enemigo.” Cada uno eligió su personaje. Pedro Aznar, el oficinista nerd (“lo tomé prestado de una performance que hacía Miguel Zavaleta en su grupo Bubu”). David Lebón, el rugbier. Oscar Moro, el carnicero. Y García, el empleado de estación de servicio “con crítica a las petroleras que se llenan de dinero y manejan el mundo a su antojo”, remata Charly. Sí, en los ’80 también. El titular que aparece a la derecha de la tapa (“Descubrimos los dobles de Seru Giran”) también tiene destinatario: un comentario crítico escrito por el poeta y periodista Pipo Lernoud en el Expreso Imaginario sobre un show que Seru Giran ofreció en Obras. La frase incluida como titular también tiene su cuentito. Dice Charly: “Cuando estuve en Brasil, en la primera época de Seru, hubo toda una campaña en contra mío. Las notas eran del tipo: ‘Charly se olvidó de nosotros’. Hubo una que tituló con ‘Charly García, ¿ídolo o qué?’, y empapelaron la ciudad con el aviso de la revista... una grasada total”.

En las más de cien tapas revisadas se encuentran trabajos de Juan Gatti, Daniel Melgarejo, Oscar Bony, Luis Alberto Spinetta, José Luis Perotta, Martiniano Arce, Marcos López, Crist, Uberto Sagramoso, Caloi, Eduardo Marti, Renata Schuscheim, Federico Klemm, Rocambole, Mariano Galperín, Nessy Cohen, Andy Cherniavsky, Rubén Andón, Marcelo Gabriela, Charly García, Rubén Vázquez (Nebur) y Alejandro Ros, entre muchos otros.