EL DIA QUE SECUESTRARON A CHARLY


FERNANDO CEROLINI

1ra. Edición: 2008
Editorial: Caras y Caretas

“Esa noche Charly hizo lo de siempre. Llegó tres horas tarde, eludió a los pocos seguidores que lo esperaban detrás del vallado y se abrió paso a empujones entre los patovicas de la entrada.
El sonidista dormitaba haciendo equilibrio en una silla con los pies sobre la consola.

En un rincón de la sala, los músicos, que por las dudas mantenían los instrumentos en sus fundas, jugaban al truco por cervezas. El bajista, un morocho de bigotes y pelo largo que parecía más entretenido que el resto, llevaba ganados dos cajones de Heineken.

La única chica del grupo, que se encargaba de la segunda voz y la guitarra rítmica, mandaba mensajes de texto por celular. Quien la miraba de lejos pensaba que se reía sola.

Cuando entró Charly se cortó el juego. Todos lo saludaron y comenzaron a desenfundar sus instrumentos. El boliche prendió nuevamente las luces y abrió la boletería.

Nunca se entendía bien cómo, pero la veintena de fans que esperaban en la puerta empezaron a multiplicarse. Un verdadero misterio en esa calle de San Telmo, que a esa hora estaba desierta: los turistas que la frecuentaban buscaban tango y se los veía hasta la 1 o 2 de la mañana. Ahora eran las 3 y media, y en veinte minutos el show iba a comenzar.

Los problemas se iniciaron al promediar la cuarta canción, cuando Charly dejó de aporrear el piano y dijo:

–No voy a seguir con este tema... es muy viejo y no me acuerdo la letra; dejen de pedir boludeces.

Ahí nomás le arrojó en la cara, con buena puntería, lo que quedaba del vaso de Johnny Walker a un gordo de la primera fila que se había parado para aplaudir su olvido. El tipo, uno de los fieles que se había aguantado la amansadora en la puerta, festejó la ocurrencia como si el músico le hubiera tirado agua bendita. Acto seguido, Charly se bajó los pantalones. Pero contra lo que podía esperarse, nadie reparó en su sexo. Su delgadez extrema dejaba ver los huesos como una radiografía y más de uno creyó estar frente a un sobreviviente de Auschwitz.

La patética imagen generaba compasión y no el rechazo que el músico buscaba provocar, salvo para el jefe de seguridad del local. Este tenía órdenes expresas del dueño de suspender el show ante el mínimo amague de escándalo. El miércoles habían tolerado las extravagancias, pero doscientas entradas de borderó no justificaban que el local corriera riesgos de destrozos. Así que el tipo les dio la orden a los patovicas de que desalojaran el escenario. A los pocos minutos todo se había convertido en un pandemónium.

El bajista demostró que además de jugar al truco sabía irse a las manos. Con un gancho en la sien y un cross de derecha en la mandíbula, dejó fuera de juego a un rubio cortado a cero que pretendía bajarlo agarrándolo de la cintura.

La chica de los coros también parecía estar acostumbrada a la situación: le tiraba con fuerza de las orejas y le daba rodillazos en la espalda a un petiso macizo que tenía a maltraer al baterista. Charly en tanto trataba de mantener el piano en equilibrio para no perder la botella de whisky.

Sus devotos la pasaron mal. Lejos de poder ayudar a su ídolo, fueron arreados hacia la calle por otros tres hombres de seguridad a empujones y patadas. Pero Charly se llevó la peor parte. Cuando Billy (un grandote de barba al que le decían el Oso y lo defendía cuando se metía en problemas) logró rescatarlo, tenía el ojo derecho hinchado y un corte en la pera.

En los noticieros, que cubrieron profusamente el accidentado recital, el dueño del local explicó que el músico fue golpeado cuando esgrimía una botella, algo que Charly desmintió de plano mientras mostraba sus lesiones:

–Lo único que hice fue tratar de salvar el Johnny Walker. Cualquier tarado sabe que un día de semana a esa hora está todo cerrado. Y además tenía un valor emotivo: me lo había regalado Yonse en el show que me invitó a cantar Satisfaction.

En Crónica, Feuer, cansado ya de escribir siempre la misma noticia, tomó de la computadora el archivo del texto que había publicado hacía dos meses, cambió el nombre del boliche, la cantidad de asistentes y las lesiones y lo mandó tal cual. Nadie se dio cuenta.

Después la polémica derivó en por qué no se había devuelto la plata de la entrada. El empresario afirmó que se debía a que la policía dispersó al público por temor a un conflicto mayor. “Desde mañana comenzamos a devolver el dinero a todo aquel que tenga la entrada”, informó.

Pero la convocatoria fue escasa: sólo treinta y cinco pidieron el reintegro del dinero. Del resto, muchos las habían tirado y otros preferían guardarla de recuerdo junto con los recortes de los diarios. Incluso le hicieron varias notas a un fanático que guardaba siete tickets de recitales de Charly que jamás habían terminado.
…………………….

Las dos fotos eran de igual tamaño: él las había pegado una al lado de la otra en la pared del estudio, un mes después de que Mariel dejara la casa. La de Charly estaba a la derecha. Era una página de la revista People y la había sacado de una nota reciente que llevaba por título El OTRO CARLITOS, en la que obviamente comparaban al músico con Gardel. La imagen elegida era en sepia y mostraba a un Charly demacrado y con un feo rictus en la boca –quedaba claro que evitaba sonreír para esconder el deterioro de los dientes– mirando hacia un horizonte imaginario. El epígrafe empezaba: “Cada día canta mejor”.

–Qué hijos de puta –decía Natalio en voz alta cada vez que lo leía, hasta que finalmente decidió tacharlo.

La foto de Videla era de un suplemento especial de Clarín que recordaba los 30 años del golpe. El dictador, engominado y canoso, vestía un traje a cuadritos en una de esas audiencias donde se negaba a declarar y sólo decía que se hacía responsable de todo lo que había sucedido durante su gobierno, aunque nunca aclaraba si en esto incluía las masacres y los robos de niños. Videla miraba hacia donde estaba el tribunal. Su rostro denotaba el desasosiego de aquel que es entregado para preservar a quienes ahora lo negaban, aquel que ya no tiene salvación y sabe que su nombre será por siglos sinónimo de lo siniestro. A Natalio le seguía asombrando que, quien no lo conociera, podía simplemente ver en la foto a un viejo cascarrabias de presión alta que se ponía nervioso en presencia de los nietos.

Se sentaba en medio del estudio en el sillón de director que había traído de la oficina de su padre y miraba las fotos durante largo rato. Sabía que elegir un camino implicaba rechazar el otro; eso lo enfurecía. Más de una vez, mientras miraba esos perfiles, comenzaban a confundirse las narices, los anteojos, los bigotes, y finalmente no sabía qué rostro era cuál. Entonces sacudía la cabeza para despabilarse o caminaba unos pasos. Otras veces lo vencía el sueño y quedaba sentado frente a las caras como un muñeco con el cuello roto.

Desde que la causa por el destino de los hijos de desaparecidos lo recluyó en prisión domiciliaria, el plan con Videla se había complicado. Ya no podría salir al pasillo de la iglesia, acercarse en el momento de la comunión para gritarle su nombre y, después de preguntarle si se iba a pudrir en el infierno, pegarle un tiro en el pecho. No es que él creyera en algo, pero suponía que esos pensamientos podían aterrorizarlo en los últimos momentos de vida, sobre todo si llegaban en forma de pregunta. El dictador podía afirmar o rechazar, pero no convivir con la duda.

Ahora sólo le quedaba comprar un departamento en el edificio de la calle Cabildo y Olleros. En él, los precios se habían devaluado por las numerosas incomodidades que generaba la presencia del reo y del Ibérico Saint Jean, otro jerarca del Proceso con prisión domiciliaria. Su mudanza a uno de los pisos superiores o el acceso a la terraza le daban la posibilidad de irrumpir por una ventana (no había balcones) con un equipo de andinismo en la vivienda del dictador, en el 5º piso. Por esta razón en los últimos tiempos leía con fruición las noticias de los hombres araña que asolaban Belgrano y Barrio Norte.

Pero Natalio no se decidía. Aniquilar a Videla podría costarle varios años de cárcel e incluso la vida. Pero algo lo preocupaba más: terminar con Videla era olvidarse de Charly.
Lo que inclinó la balanza fue finalmente la nota de una revista de un año atrás que encontró en la sala de espera del consultorio del dentista. En ella, varios roqueros (entre los que no estaba Charly) lloraban en el entierro del Beduino, el batero de Siempre Girar que había muerto en su casa acosado por el alcohol y el olvido. Entonces se paró frente a las fotos y arrancó la de Videla. “Al final, quizá sea para bien –se justificó: una muerte a tiros le da cierta dignidad a un militar y los siniestros comenzarían a recordarlo como víctima en vez de victimario”. Natalio ya no tenía dudas. De ahora en más, Charly pasaba a ocupar el centro de su vida.”

El autor es el director de Pronto, la revista de espectáculos de mayor venta del país. Este desopilante policial, que se sumerge en el mundo del rock a través de su estrella más emblemática, marca su regreso a la ficción tras 25 años de ejercer el periodismo.

SODA STEREO - LA HISTORIA

 
GUILLERMO CUCCIOLETTA
MARTIN CUCCIOLETTA

 1ra. Edición:1997
Editorial: Galerna
Prólogo: Mario Pergolini

Cuando leas este libro, Soda Stereo ya no va a estar más ni en un estudio, ni en un escenario, ni en un reportaje.
Si compraste este libro lo más probable es que vos tengas "algo" con esta banda. A lo mejor el simple hecho de que haya estado justo cuando vos eras adolescente. O a lo mejor, su música te sirvió de algo...
Uno nunca sabe por qué se hizo fanático de una banda, sólo sucede, y cuando te anuncian que se van a separar sentís como que algo también te pasa a vos. Serán las etapas que se terminan, o andá a saber qué.

Viví con Soda gran parte de sus comienzos, hasta llegar a su consagración.
Los Soda fueron los responsables de que Latinoamérica cantara rock en su idioma, y a lo mejor esto te suena estúpido, pero vivimos en un país con tradición rockera. Esto no pasaba ni en Chile, ni en México, ni en Perú.

Creo que en algún punto los voy a extrañar. Personalmente he crecido compartiendo giras que llegaron a durar 3 meses. He pasado cosas incontables que quedarán en nuestra caja de Pandora, he visto conciertos horrorosos, los vi tristes, contentos, en fin... los he visto y lo he vivido.
Quedará su música, si eso te conforma y creo que debería conformarte. La decisión de ellos fue bastante buena. No hay que dejar que todo pase en la tranquilidad... hay que arriesgarse y hacer.
Los Soda lo hicieron y lo disfrutaron.

Fue bueno haberlos conocido y fue divertido viajar con ellos en más de 3 giras latinoamericanas.
En este libro encontrarás datos, anécdotas y toda la cronología de una banda que hizo historia, más allá de su música y mucho más allá de su tierra.
Guardaré sus discos. Los pasaré de vez en cuando en la radio. Los disfrutaré... Suerte!

Mario Pergolini

* Los autores aclaran que Soda Stereo no está involucrado en la elaboración de "Soda Stereo, la historia", a pesar de haber recibido este material. El relato de esta historia lo realizaron los autores.

SODA STEREO - LA BIOGRAFIA

MARCELO FERNANDEZ BITAR


1ra. Edición: 1988
Editorial: Distal
2da. Edición: 2017
Editorial: Sudamericana

Textos, fotos y la biografía del grupo, abarcando sus comienzos hasta la época del álbum Doble Vida, ya que este libro fue editado por esos años, cuando el grupo estaba en plena actividad.
Incluye letras de los discos, entrevistas, anécdotas, y una ficha con los recitales realizados.

Marcelo Fernández Bitar es un periodista especializado en rock que ha colaborado habitualmente en las revistas El Porteño, Cantarock, Cerdos y Peces, y el Suplemento Sí del diario Clarín.
Actualmente, se desempeña como Secretario de Redacción de la revista Rock & Pop y colaborador permanente de la sección Espectáculos del diario El Cronista Comercial.
Además, es el autor del libro "Historia del rock en Argentina, una investigación cronológica", publicado 1987.

En los últimos cinco años, Buenos Aires ha cambiado considerablemente.
Hay partes de la ciudad que ya no son las mismas. El sistema de gobierno es otro. Alguna gente parece distinta, se viste de otra manera, usa otras palabras. Existen nuevos códigos.
La música también ha cambiado.

En 1983 nacía Soda Stéreo, tomando la "muy 90's" formación de trío y originando una música que combinaba la energía del punk-rock con ritmos como el ska y reggae, todo dentro de la estructura clásica del pop y con letras plenas de ironías y dobles sentidos.
En muy poco tiempo, de forma casi imperceptible para la prensa especializada, el grupo logró una fuerte relación con el público que lo acompañó fanáticamente durante toda la etapa "underground".

Su preocupación por detalles como la imagen en vivo y en foros, sumado a su producción musical, los llevó por una carrera siempre ascendente y con características propias de pionero. Recorrieron todo el territorio argentino y una vez consagrados como incuestionables Número Uno, probaron suerte en el exterior, con un resultado tan positivo que se convirtieron indiscutidamente en el grupo de rock más popular de Latinoamérica, con un total de discos vendidos que ya superó el millón de unidades.

Soda Stéreo. Inicialmente "pop", luego "modernos" y finalmente una combinación muy personal del rock actual.
Impusieron ropas, cortes de pelo, formas de componer, tocar y cantar, y hasta maneras de encarar el inmenso negocio que los rodea.
En estos últimos cinco años, Soda Stéreo ha crecido hasta límites insospechables.
Y esta es la historia.

En el 2017 sali+o una nueva edición ampliada y corregida por Editorial Sudamericana
Para mas detalles, ver AQUI

LA TROVA ROSARINA

SERGIO ARBOLEYA

1ra. Edición: 1998
Editorial: Homo Sapiens Ediciones
Prólogo: Juan Carlos Baglietto

"...Sé que éramos un grupo de gente con una profunda pasión y una necesidad de ser escuchados, de comunicarnos: que esa misma necesidad nos unió casi involuntariamente y nos desarrollo en un medio que, en el mejor de los casos, nos era indiferente..", escribió Juan Carlos Baglietto en un sentido texto que sirve de prologo a esta edición y que, sin duda, acerca el espíritu entre desafiante, casual, intrincado y mágico que signa un repaso más pasional que riguroso en torno a la Trova Rosarina.

El libro se escapa sin culpas de la precisión de las fechas y los fundamentos numéricos para intentar una aproximación más fructífera a las sensaciones y los sentimientos que se fueron torneando para generar una forma de canción que nació y estallo desde Rosario.
A partir de esta primera decisión estético-periodística, hay también una clara intención de vincular permanentemente las novedosas, punzantes y prolíficas andanzas creativas de los músicos de la Trova con imágenes argentinas.

Esta idea parte de la más intima certeza de que los músicos populares tienen con la realidad social, política y económica del país, una relación de reciproca alimentación. Quizás sea entonces posible que al contar la historio de la Trova Rosarina, se esté narrando el devenir de una parte de la sociedad argentina.
La intención entonces, no pasa por trazar melancólicos y forzados paralelismos utilizando como herramientas una canción de Páez. o la voz de Baglietto, para explicar el chato, frívolo y dependiente presente de la Argentina, pero el relato permite apreciar que estos artistas rosarinos describen una parábola de la esperanza a la derrota y de allí a la reflexión, que tiene puntos de contacto con los sueños populares que fueron, ya no están y es necesario recuperar.

Sergio Arboleya , un periodista de gran experiencia y formación realizó una investigación exhaustiva de la llamada trova rosarina que consta de reportajes a los protagonistas quienes le brindaron a Arboleya su testimonio valioso del devenir de este importante movimiento de música popular. Todos los datos están extraídos de testimonios de los protagonistas.
Según Arboleya, los que escribieron las primeras páginas fueron los cultores del rock que liderados y reunidos por Ricardo”Richard” Grassi empezaron a transitar una nueva historia. Richard soñó trasladar la comunión roquera, el espíritu solidario de los impulsores del movimiento a nivel nacional que tocaron en el BARock”72 , a la geografía rosarina.

El 18 de marzo de 1973, en una de las aulas del Colegio San José, se dieron cita varios grupos musicales rosarinos, entre ellos” Pablo el enterrador””Agnus Dei” y “Amor” para verse por primera vez sus adolescentes rostros y formar bajo la conducción de Richard, el Ateneo Músicos y Amigos de Rosario(AMAdeR)

Lalo De Los Santos, por entonces integrante de “Agnus Dei” recuerda que “ya en aquella reunión se coincidió en armar una especie de cooperativa con la idea de promover el rock de Rosario y tener la posibilidad de una continuidad en materia de conciertos”Lalo De Los Santos grafica:”para mí, Los Gatos y Almendra es decir Litto Nebbia y Spinetta, eran como mi papá y mi mamá”.El compositor, arreglador e intérprete Héctor “Pichi” De Benedictis que lideró el grupo “Acalanto” y años más tarde llegó a ser Secretario de Cultura de Rosario, le pone fechas anteriores a la primera repercusión del rock en Rosario desde grupos como “Los No” y “Batallón Mermelada” que empezaron haciendo música para bailar, luego rock en inglés de bandas inglesas, después temas en inglés de su propia autoría y terminaron por animarse a hacer canciones en castellano al calor de la influencia que significó “Almendra”.

Dice De Benedictis: ”cuando se habla de la Trova Rosarina creo que Almendra es un referente inevitable. Cuando por primera vez escuché ”Muchacha ojos de papel” descubrí algo fuertísimo, porque era pegadizo pero interesante y había un tratamiento increíble del texto que luego se convirtió en toda una referencia para nosotros”.Rubén Goldín, otro integrante de la Trova evoca:”yo fui a ver a ”Los Gatos” a Echesortu con asma y fiebre y como me sentía bastante mal , logré ponerme en la escalera. Cuando terminó el show y los músicos bajaron por la escalera, Moro me tocó la cabeza y yo creí que me moría".

GUIA DE REVISTAS DE MUSICA DE LA ARGENTINA (1829 - 2007)

LEANDRO DONOZO

1ra. Edición: 2009
Editorial: Gourmet Musical
Pròlogo:Melanie Plesch (The university of Melbourne)

Las publicaciones periódicas especializadas constituyen una de las principales formas de difusión de la actividad musical.
Como tales, se transforman en documentos y registros privilegiados, que no sólo sirven a los músicos y a la industria musical de cada época, sino también a musicólogos, historiadores, periodistas, y a todos aquellos interesados en conocer en detalle la historia de la música.
La Argentina posee una rica tradición en la edición de revistas de música desde las primeras décadas del siglo XIX hasta nuestros días, que es aún muy poco conocida.

Esta guía pretende dar a conocer ese extenso patrimonio a través del relevamiento de 450 publicaciones editadas en la Argentina entre 1829 y 2007, y una selección de revistas extranjeras de interés local.
También incluye la ubicación de cada ejemplar en las principales bibliotecas, el detalle del staff y los colaboradores de cada edición, así como los índices de las revistas aparecidas en cada año y de las casi 12.000 personas que colaboraron en ellas.


Leandro Donozo es investigador en el área de bibliografía y documentación musical, y autor del Diccionario bibliográfico de la música argentina y de la música en la Argentina.
Fue colaborador del New Grove Dictionary of Music and Musicians, co-director del Centro de Documentación e Investigación Musical de Buenos Aires (D.I.M.), miembro de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Musicología y periodista en diversas revistas especializadas en música popular.
Cursó la carrera de Artes en la Universidad de Buenos Aires y actualmente es docente de la carrera de Crítica de Artes del Instituto Universitario Nacional de Artes (IUNA).

"La originalidad de la concepción de Leandro Donozo eleva la lexicografía en y sobre la Argentina a un nuevo nivel. (...) Donozo es actualmente la autoridad incuestionable en el campo de la bibliografía musical en Argentina"Malena Kuss. FontesArtis Musicae (International Association of Music Libraries).

AMANTES SUBTERRANEOS


FLAVIO KATZEV
EL ROCK UNDER DE LOS '80

1ra. Edición:
2008
Editorial:Ediciones Elemento
Prólogo: Gustavo La Banca San Martin

El mismísimo underground de los ochentas plasmado en esta obra contada por el autor y más de 60 rockeros de la época:
Don Cornelio, Metrópoli, Los Argentinos, Teddy Boys, Instrucción Cívica, Comida China, Beso Negro, Pobre Morales, Identikit, Graffiti, Escocia, Alakrán, Uno x Uno, Pasaporte, Chernobyl, Sector Diván, Personajes Urbanos, Cosméticos y muchos más.

Bandas, formaciones, discografía, demos, sus orígenes, pubs, anécdotas, el ayer y el hoy de sus integrantes.

El rock argentino tiene más de cuarenta años de historia.
A lo largo de todo ese tiempo ha tenido tantos amantes que sería imposible recordarlos a todos. Cada década marcó una especie de amor, una manera diferente de acercársele y entregarle las ganas, las ansias de poder ser parte de este gran movimiento cultural. Los sesenta, fueron las primeras experiencias, en los setentas, hubo que esconderse, los noventas, parecieron de una eterna resaca.
Pero fue en los ochentas donde los amantes más se entregaron.
Alentada por la libertad del sistema político, por una necesidad de tantos años reprimida, una gran fiesta se desató en el rock nacional.

Muchos de los invitados lograron trascender y ser quienes animaron el show, pero hubo muchos otros que fueron los que sostuvieron la temperatura, la caldera encendida, los que permitieron que el semillero nunca se extinguiese.
Fueron los amantes subterráneos.

Centenares de grupos que pululaban en el under de los 80, pero que nunca lograron un reconocimiento masivo, son los que llamaron la atención de Flavio Katsev, que dedicó mucho de su vida a ellos.
Tanto, que escribió un libro donde los rescata del olvido. Amantes Subterráneos, el rock under de los 80, editado por Ediciones Elemento, pretende traer a la memoria colectiva, nombres, músicos, grupos que generaron tanto ruido que acabaron en el silencio absoluto.

Katsev vivió y creció con el rock de los 80. Se hizo fanático de muchas bandas que hoy por hoy son desconocidas para la mayoría, pero que para él, sus canciones son verdaderos tesoros incunables.

PAPPO - EL REY DEL BLUES

INVESTIGACION DIARIO "LA NACION

1ra. Edición: 2006
Editorial: Aguilar
Prólogo: Sin pròlogo

Norberto Napolitano, Pappo, fue uno de los más grandes guitarristas y un mito del rock nacional.
Comenzó su carrera como integrante de Los Gatos, de los primeros Abuelos de la Nada y de La pesada del rock and roll.

Fue líder de Pappo's Blues, convirtiéndose tempranamente en la figura del rock duro en Argentina; y en los ochenta, formó Riff, una banda más cercana al heavy metal.
Pero su pasión por el blues le dio trascendencia internacional.

Compartió escenarios y grabaciones con la gran figura estadounidense del género en aquella época, B. B. King. y, cuando se produjo su trágica muerte, tenía agendadas varias fechas para actuar en los Estados Unidos.

De él dijo Andrés Ciro, cantante de "Los Piojos": "En un mundo en el que siempre sobraron los mentirosos y charlatanes, él era el mejor guitarrista de blues. Y en el blues no es posible mentir".

La coherencia entre su vida y su búsqueda artística lo convierten en una de las figuras paradigmáticas del rock nacional.

EL CABILDO DEL ROCK

CANDELARIA KRISTOF

1ra. Edición: 2007
Editorial: Tomo Publishing
Prólogo: Candelaria Kristof
Existen estudios memorables en donde los grandes músicos grabaron sus obras y que los convirtieron juntos a estos artistas en parte de la historia de la música. A nivel internacional se podria nombrar a los místicos estudios Abbey Road, que hasta aquellos ajenos a la industria de la música o del audio conoce, o por lo menos lo ha escuchado nombrar alguna vez.

En la argentina tambien existe algunos estudios memorables que ya forman parte del rock nacional, como por ej. los Estudios ION o Panda. En este caso vamos a hablar de los Estudios Del Cielito. Estos estudios fundados por Gustavo Gauvry en el año 1980, es considerado el primer estudio independiente de la Argentina.


“Vos leías en la revista Pelo que Led Zeppelín estaba grabando en una isla, en Grecia. Entonces te preguntabas ¿Y nosotros qué somos? ¿Boludos al viento?”.
La comparación del legendario Luis Alberto Spinetta vale más que mil explicaciones para describir lo que significó el surgimiento del no menos mítico estudio de grabación Del Cielito.

Los testimonios de los músicos que cantaron la historia del rock lo confirman. Sus grabaciones y discos, también.
“Del Cielito acercó la idea de que acá también se podía estar en un lugar alucinante, pasándola bien y grabando música. Era el paraíso porque el lugar en sí te llevaba fuera de acá. Creo que sus características preponderantes eran la generosidad y la libertad”, agrega el “Flaco” desde las páginas de “El Cabildo del rock”, el trabajo de Candelaria Kristof.
Desde el título, Kristof plantea que el estudio de grabación fundado en 1980 por Gustavo Gauvry fue, sin dudas, el lugar donde el rock argentino forjó su independencia.
Ubicado en Parque Leloir, su nombre podría dar lugar a ingeniosas y delirantes interpretaciones, pero la realidad es que obedece a la calle que se toma para llegar al lugar. “Me pareció un nombre muy musical”, señala su creador. “Para mí – agrega Gauvry - un estudio no tenía que ser una cueva en el centro de la ciudad cuando podía ser un lugar con luz, con aire libre, con familia metida en el medio, con chicos, con amigos, con asados: un lugar donde pudieras grabar en un clima de distensión”.

Los insólitos problemas de los comienzos se convirtieron, al paso de los años, en una divertida sucesión de anécdotas.
“Gauvry y David Lebón habían comprado una grabadora. Y bueno… intentaron grabar, pero las máquinas de grabar no andan solas. O sea, el micrófono va a una consola y de la consola vas al grabador, no es un radiograbador hogareño. Y resultaba que los monos enchufaban todo y no andaba”, recuerda el guitarrista Héctor Starc, uno de los entrevistados por la autora.

El “arrorró” de Charly.
Después de un ensayo de Serú Girán, Charly García decide quedarse a dormir en la casa de Gauvry.
Como el living estaba lleno de instrumentos, le armaron una cama en el cuarto de Violeta, la beba de un año y medio.
A la mañana siguiente, mientras desayunaban, Charly comenta como al descuido:
- Che, anoche se despertó la nena
- ¿Y qué hiciste?, le pregunta Gauvry
- Nada, le canté una canción y siguió durmiendo.
El tema en cuestión siempre fue un misterio… uno de los tantos de Charly.

Lebón fue uno de los primeros en formar parte de la aventura e, incluso, muchos creyeron que era uno de los dueños del estudio. “Sucedió lo que soñamos – afirma el músico -. Acá pasaron muchísimas cosas porque este lugar estaba abierto las veinticuatro horas. Se componía, se tocaba, se grababa. Luis (Spinetta) venía, prendía las luces y se ponía a dibujar. No estábamos tan enfocados en lo comercial sino a favor de la música”. Del Cielito fue pionero, allá por 1981, de las grabaciones en vivo. El primero fue un recital de Susana Rinaldi, luego hicieron el festival Prima Rock en Ezeiza y, en marzo del ´82, grabaron cinco de los 14 shows que Mercedes Sosa realizó en el Teatro Opera.
También inmortalizaron la despedida de Serú Girán y de ahí salió “No llores por mí, Argentina”, un disco impresionante que hizo historia, aunque para Gauvry “ fue demasiado retocado en estudio”.
En aquellos años, casi todos los discos se llamaban “en Argentina” porque se acababa de terminar la Guerra de Malvinas y volvían numerosos músicos que habían estado exiliados durante la dictadura: Piero, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, el Cuarteto Zupay, Víctor Heredia, León Greco, Mercedes Sosa y Milton Nascimento, festivales como el Rosariazo y grupos como el chileno Los Jaivas, integraron aquella lista.
Andá a lavar los platos, Pappo.
Lebón le había prevenido a Gauvry que si lo llamaba Pappo para grabar lo rechazara porque era medio “jodido”. “Bardea, puede llegar a ponerse violento”, le advirtió.
Cuando lo llamó Vitico para trabajar juntos no pudo decirle que no.
“Es un laburo, no me puedo dar el lujo de perderlo. Además, estuve con cada delirante en mi vida…”, se justificó.
Todo iba bien hasta que, en plena grabación, interrumpe Pappo:
- Che, tengo un hambre espantoso. Voy a preparar unas pizzas.
- Hay un problema, la tapa del horno tiene el vidrio térmico roto, le contesta Gauvry.
- Dejame que yo te lo soluciono.
Enseguida, revuelve los trastos de la cocina hasta encontrar una fuerte ovalada de acero que encaja justo en el agujero.
Un rato más tarde devoran las pizzas amasadas por el Carpo. “El temible muchacho del heavy metal y las cadenas incluso lavó los platos, dejando todo impecable”, recuerda Gauvry.


En 1984, Del Cielito también formó parte de la epopeya de León Gieco, “De Ushuaia a La Quiaca”.
Héctor Starc cuenta que Gauvry estaba buscando un asistente y cuando le contó para qué era, no dudó en ofrecerse él mismo.
Al principio, se negó a que Starc, con toda su experiencia, se sumara al equipo con una tarea tan sencilla como juntar cables. Pero finalmente lo hizo. “De esa manera pude conocer todo el Norte, que no me acuerdo nada porque nos chupábamos hasta el pis que hacíamos”, recuerda (¿o no recuerda?) Starc.
“Gustavo (Gauvry) es un deforme, es atípico, es poético, es folklórico, es kitsch. Aprovecha todo y no se ata a una sola forma, es libre en su
pensamiento. Y el disco De Ushuaia a La Quiaca que grabamos ahí en el Cielito fue totalmente revolucionario para la época porque hicimos un disco tecno…¡pero de folklore!”, cuenta León Gieco.

El crecimiento del estudio derivó, casi inevitablemente, en la creación de la productora independiente Del Cielito Records.
Uno de los primeros grupos de esta nueva etapa fueron Los Ratones Paranoicos, a quienes Gauvry había “descubierto” en el ´82 cuando vio una pintada en un paredón de la Escuela de Mecánica de la Armada. Mucho tiempo después, supo que aquel nombre era el de un grupo de jóvenes prometedores que terminarían tocando junto a los Rolling Stones. “Fueron muchos años – sostiene Juanse - de trabajar con los mejores artistas, no sólo del país. Porque creo que Spinetta es uno de los más grandes artistas del mundo de la música”.

Deudores incobrables.
En 1991, Gustavo Cordera y la Bersuit Vergarabat grabaron dos canciones en el Cielito para el disco que salió al año siguiente.
“Como dato significativo, no le pagamos a Gauvry. Lo estafamos. Durante muchos años, él trató de cobrarnos, pero le decíamos que no le podíamos pagar porque nos iba a traer mala suerte, iba a traer un aura negativa en nuestras carreras. Cada vez que nos encontrábamos, nos miraba mal. Después, en el ´93, vinimos a hacer otros dos temas (20 millones y Tuyú) y…decidió cobrarnos por adelantado. No quería seguir mirándonos mal”, evoca Cordera.
Los Piojos fue otro de los grupos que formaron parte de esta primera etapa de la productora. Como lo hicieron Spinetta, Charly, el Indio Solari, Gieco y otros grandes, se “instalaban” en Del Cielito hasta que terminaban toda su producción. Aunque a decir verdad, algunos también ofrecían servicios “adicionales”, como Andrés Ciro que se encargaba de fumigar el estudio y todas las instalaciones cada vez que Gauvry se lo pedía.
La tercera etapa comienza cuando Gauvry decide desprenderse de la leyenda que había creado. “Estaba muy cansado. Aparte, la música desde hacía algunos años también estaba en crisis por el tema de la piratería, de internet. De modo que decidí venderlo y bueno, apareció Bersuit”, explica.
Primero, Gustavo Cordera y sus músicos compraron sólo el estudio, pero en un segundo paso adquirieron todo. “Después – agrega Gauvry - me acercaron la propuesta de encargarme del estudio, como lo había hecho siempre. Ocuparme de los clientes, de los técnicos, de los horarios, de organizar las grabaciones, arreglar las cosas que se rompen, en una palabra, de ser el manager del estudio”.

La llegada de la Bersuit permitió que sobreviviera el espíritu Del Cielito y, quizás, que el estudio y productora de Parque Leloir no se convirtiera en una quinta o emprendimiento urbano.
En palabras del “pelado” Cordera, “Gustavo Gauvry es el líder espiritual de este lugar…Y no pasa por el tema de la posesión, la posesión es absolutamente estúpida porque cuando nosotros nos vayamos de este mundo esto no va a ser nuestro. Pero lo importante es que siga funcionando el alma de lo que esto fue, el sueño por el cual fue concebido: hacer música, ser una fábrica de música en la Argentina”.

IORIO - EL PERRO CRISTIANO


ARIEL O. TORRES
1ra. Edición:2008
Editorial:S/N
Pròlogo:Victor Pintos

"Cuando se terminó V8, a la semana armé Hermética. Y cuando vi que Hermética se desbarrancaba, a la semana armé Almafuerte. Todo eso es porque si no me siento amigo de los que tocan conmigo soy capaz de cortarme las manos y tirárselas a los perros".

Sobre el hombre que hizo estas declaraciones al suplemento Espectáculos del diario Clarín en agosto de 1997, se sabe (o se cree saber) bastante; o se suponen cosas y se insiste en ellas aunque él las desmienta obstinadamente.

Nunca hasta la fecha, sin embargo, se había escrito una biografía tan exhaustiva de Ricardo lorio como la presente. ¿Por qué? Es un interrogante complejo de responder; no por nada varios músicos y personas relacionadas con el mundo del rock se abstuvieron de participar en ella.
Lo cierto es que para este libro Ricardo lorio concedió por primera vez una larga serie de entrevistas exclusivas, en las que habló con total libertad y confianza con Ariel Torres.
Ello le permitió al biógrafo construir un relato nutrido, intenso; un relato que encontrarán revelador tanto los seguidores de lorio, como todo el que esté interesado en conocer la personalidad, los pensamientos, y la vertiginosa forma de sentir y de vivir de este artista.

La presente biografía es fruto de una minuciosa labor de investigación periodística y de un trabajo de recopilación de información y testimonios sobre la vida de Ricardo lorio.
En ella es posible no sólo recorrer la carrera profesional de este personaje de interés nacional, sino también conocer sus juicios, opiniones y reflexiones acerca de los temas más diversos, y encontrarse a menudo con posturas suyas inesperadas y contestatarias.
El perro cristiano revisa y compila anécdotas personales y profesionales, opiniones volcadas en reportajes exclusivos, entrevistas, y fotos inéditas del músico y su entorno que permiten reconstruir y comprender como nunca antes la figura del polémico Ricardo lorio.

VIRUS - UNA GENERACION

DANIEL RIERA
FERNANDO SANCHEZ


1ra. Edición: 1995
Editorial: Editorial Sudamericana
Prólogo: Eduardo Berti

La década del 80 trajo nuevos brillos al rock nacional: sonidos oportunos y un glamour adecuado.
De acuerdo con los tiempos que corrían, los hermanos Moura y sus huestes parecieron poner en escena una frase de William Burroughs; "El lenguaje es un virus". Virus fue el lenguaje de ese festivo despertar.

Las generaciones suelen adoptar fielmente las representaciones que traducen mejor sus incertidumbres y enigmas.
Además del repetido ejercicio de ser modernos, la época exigía una desganada elegancia y un tenue desencanto.
Desde el comienzo, Virus resultó tan emblemático como Luca Prodan o Soda Stereo. Un rumor de teclados creaba la atmósfera. Las letras de Roberto Jacoby, alusivas o sutilmente referenciales, evocaban las mitologías recientes o ironizaban sobre ellas. Federico Moura era la persona indicada para realizar un nuevo pacto con el público.
Su voz se convirtió en el estilo de una década, el símbolo de una generación.

Inteligente y escrupuloso, el libro de Daniel Riera y Fernando Sánchez logra para el periodismo lo que alguna vez Virus logró para el rock nacional: un aporte inédito, claro y distinto.
Considera todos los aspectos del "fenómeno Virus" a la vez que recupera y analiza cada uno de los hechos: el efecto y la repercusión de los creadores de "Wadu Wadu", los éxitos y los desengaños, la muerte de Federico Moura.

“Virus - Una generación” convoca a lectores de diferentes generaciones.
Y, lo que es más difícil, los satisface.

Daniel Riera nació en Buenos Aires en 1970.
Es egresado de la escuela de periodismo TEA (Taller Escuela Agencia).
Colaboró en los diarios Página/12 y Sur, en las revistas Pelo, 220, El Porteño, El Periodista, El Tajo y Faz, y en el libro Ser Gardel,
Es coautor de Queríamos tanto a Olmedo (Ediciones Periodismo por Periodistas) y autor de Led Zeppelin y Guns n'Roses: las manzanas podridas (Editora AC). Trabajó en el programa radial Quemen los bosques y actualmente es secretario de redacción en la revista La Maga.

Femando Sánchez nació en Morón, provincia de Buenos Aires, en 1968.
Es egresado de la escuela de periodismo TEA (Taller Escuela Agencia).
Colaboró en el diario Sur y en las revistas Humor, El Tajo y País Caníbal. Fue redactor de la revista La Urraca.
Es coautor del libro Queríamos tanto a Olmedo (Ediciones Periodismo por Periodistas) y de Bon Jovi (Editora AC). Actualmente colabora con el diario Página 12 y en la revista Sex Humor, y es prosecretario de redacción de la revista La Maga y tecladista del conjunto “Sometidos por Morgan”.

SUMO POR PETTINATO

ROBERTO PETTINATO

1ra. Edición:2009
Editorial:Editorial Sudamericana
Prólogo:Roberto Pettinato


SolapaPrimero lo primero: Roberto Pettinato estuvo allí, justo allí. Estuvo en Sumo. Antes ya era uno de los periodistas de rock más afilados de la Argentina, luego se convirtió (y hoy sigue siendo) una celebrity fuera de toda norma: un hombre de los medios sofisticado, masivo, ácido.
Supo brillar, en épocas opacas, desde las páginas de la revista Expreso imaginario; más tarde se embarcó en una larga carrera que hoy lo tiene en radio (El show de la noticia, líder en las mañanas de FM 100), televisión (Un mundo perfecto, por América) y gráfica (como director de la revista de rock La Mano).
Fue su escala en Sumo, sin embargo, la que lo marcó de un modo que las páginas de este libro certifican párrafo a párrafo.

ContratapaAntes de ser una estrella de la tevé y de la radio, el conductor de Duro de domar y Un mundo perfecto no sólo fue un periodista de rock brillante, sino que cumplió el sueño recurrente de su gremio: formar parte de la banda más excitante posible.
Fue el saxofonista de Sumo, uno de los grupos insignia del rock argentino, uno de los pocos a los que la palabra mito no les queda grande.

Aquí Pettinato honra una vieja deuda: entrega la versión completa, el reajuste definitivo de La jungla del poder, la biografía de Sumo que supo editar artesanalmente a comienzos de los noventa.
Pasaron quince años pero la espera valió la pena: a la inquietante sutileza de aquel volumen, ahora agrega nuevas capas de recuerdos, vivencias que sólo él puede contar, análisis lúcidos e incluso algún momento de autocrítica.
No en vano su frase de cabecera, esa a la que siempre vuelve para intentar explicar la desquiciada escena porteña de los ochenta, es: “Por donde pasa Sumo no crece el pasto”.

Petti evoca sus días a bordo de la que fue la más salvaje máquina de rock que haya funcionado en estas pampas, un barco sin control con un capitán italo-inglés, Luca Prodan, y una tripulación de nativos dispuestos a llevar la música y la vida rockera hasta las últimas consecuencias.
Hoy, mientras el mito Luca crece y crece, y todos se adjudican alguna anécdota (en general falsa) relacionada con el calvo comandante, Roberto Pettinato rescata las mejores páginas de Sumo con la autoridad y la gracia del que estuvo ahí y vivió para contarlo.

NO DIGAS NADA

SERGIO MARCHI

1ra. Edición: 1997
2da. Edición (con agregados):2007
3ra. Edición (con agregados):2013
Editorial (Todas las ediciones):Editorial Sudamericana
Prólogo (Todas las ediciones): Sergio Marchi

La primera parte de este libro fue escrita entre 1993 y 1997, fecha de su publicación.
Durante ese tiempo, Sergio Marchi siguió tenazmente a Charly García, la estrella más importante del rock argentino.
El papel de testigo acordado con el artista se vio alterado en muchas ocasiones pues el autor debió cumplir diversas funciones como confidente, plomo, baterista, manager circunstancial y otras menudencias.

Edición aumentada en formato pocket

De ese viaje surgió “No digas nada”, libro que narra toda la historia de Charly García, y que en esta nueva edición, a diez años de la original, suma todo lo acontecido desde su aparición hasta 2007.
Esta actualización que ahora presentamos contiene, además del libro original, una nueva introducción, textos adicionales y siete capítulos más en los que se pueden leer historias como la de la zambullida de nueve pisos en Mendoza, la presentación en Cosquín con Mercedes Sosa, su encuentro con Marilyn Manson, su pelea con Andrés Calamaro, la reunión de Sui Generis, la verdad de su relación con Carlos Menem y muchas otras.

Es una década entera en la vida de un músico excepcional no sólo por su talento, sino también por su lucidez y su poder de autodestrucción.

"Charly es un tipo admirable: una de las cosas que más le admiro es cómo supera sus crisis, y lo creativo que es para llevar su vida adelante. Por eso creo que es un artista de raza. Uno es un artista cuando es un artista en su vida.”
Javier Martínez




INDICE DEL LIBRO

Discografía de Charly García
Prefacio

1.  Ángeles y predicadores
2.  Ojos de videotape
3.  No soy un extraño
4.  Botas locas
5.  Los dinosaurios
6.  Promesas sobre el bidet
7.  En la ruta del tentempié
8.  Esos peinados nuevos
9.  La vanguardia es así
10. Adoro la teletransportación
11. Cinema Verité
12. Bailando a través de las colinas
13. Pequeñas delicias de la vida conyugal
14. Amigo, vuelve a casa pronto
15. Demoliendo hoteles
16. No voy en tren
17. Llorando en el espejo
18. Pasajero en trance
19. José Mercado
20. Música de fondo para cualquier fiesta animada
21. Sólo un poquito no más
22. No toquen
23. Encuentro con el diablo
24. Estaba en llamas
25. Intraterreno
26. Calambres en el alma
27. Plan 9
28. Despertar de mambo
Epílogo
Los Aliados, testimonios adicionales
Agradecimientos


Como ocurre en otras biografías, lo que no queda establecido es la relación o el reflejo (a pesar de que hay un capítulo sobre espejos) que une esa vida con la masa impresionante de creación musical y lingüística. Las letras de su obra cuentan con muchas de las más refinadas y a veces explosivas frases del lenguaje argentino sobre el amor, la represión, la mala onda, la libertad o las fobias.

El libro tuvo un agregado considerable en el 2007, cuando se hizo una edición de bolsillo. El lector queda enganchado por la mezcla de datos generales o íntimos, participación especial del autor, y la fascinación que ejerce todo gran creador inestable, a veces autodestructivo.
En ese sentido resulta un “coitus interruptus” que no se haya llegado hasta el presente, dado que incluyó no hace mucho un cambio fundamental, incluso físico


Sergio Marchi nació en Buenos Aires en enero de 1963.
Músico desde los once años, ejerció el periodismo a partir de 1983 en distintos medios como Tren de Carga, Cosmopolitan, Revista Rock & Pop y el diario Clarín.
Además se desempeñó como musicalizador, columnista, conductor y productor periodístico en las radios: del Plata, Rock & Pop, Continental, Rivadavia y La Red.
A lo largo de su carrera entrevistó a los músicos más famosos del rock: Kurt Cobain, Chuck Berry, Elton John, Bon Jovi, B. B. King, Suzanne Vega Joe Cocker, Jon Anderson, Mark Knopfler, Luis Alberto Spinetta, Albert Collins, Soda Stereo, Henry Rollins, Luca Prodan, Joe Ramone, lan Anderson, Federico Moura, Sting, Metallica, INXS, Fito Páez, Sheryl Crow, Red Hot Chili Peppers, Redonditos de Ricota y Andrés Calamaro, entre otros.
Escribió parte de la enciclopedia 30 años de rock nacional.
No digas nada es su primer libro.